Su marido la llevó a una cabaña abandonada para que muriera, pero allí la esperaba un encuentro inesperado.

Su marido la llevó a una cabaña abandonada para que muriera, pero allí la esperaba un encuentro inesperado.

Cuando apareció en la ciudad, fue como ver a un fantasma.

Gleb ya había comenzado los trámites para declarar su desaparición. Había contado a todos la historia: su esposa, inestable, obsesionada con curanderos, había huido al bosque.

Pero no contaba con que Larisa regresaría.

Cuando la vio entrar en la oficina, pálida pero firme, su rostro perdió todo color.

—¿Larisa…?

Ella lo miró en silencio.

Y en ese momento, él supo que había perdido.

El proceso judicial fue rápido.

Las pruebas médicas confirmaron el envenenamiento. Los registros de compra de sustancias, sus mentiras, sus contradicciones… todo salió a la luz.

Gleb fue arrestado.

Y Larisa, por primera vez en mucho tiempo, respiró libremente.

Meses después, volvió al bosque.

No como víctima.

Sino como alguien que había sobrevivido.

Encontró a Iván y a Anya cerca de la cabaña.

—Te dije que no moriría —dijo con una sonrisa.

Anya corrió hacia ella.

—¡Lo sabía!

Larisa miró la vieja cabaña. Ya no le parecía un lugar oscuro.

Era el lugar donde había vuelto a nacer.

—Gracias —susurró.

Iván negó con la cabeza.

—No. Tú elegiste vivir.

Y eso… lo cambió todo.

Next »
Next »

Post navigation

Leave a Comment

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

back to top