Y te pedimos ahora que te acerques a esta madre, Shaneiqua.
Envuélvela en una presencia tan fuerte que incluso en sus momentos más oscuros, no está sola.
Sosténganla cuando el dolor se vuelva demasiado.
Cuando el silencio se siente insoportable.
Cuando los recuerdos llegan inundándose y no puede recuperar el aliento.
Sea su fuerza cuando no le quede.
Sea su consuelo cuando nada más puede calmar su corazón.
Dios, ha perdido lo que ninguna madre debería perder.
Ocho niños.
Ocho piezas de su alma.
Ocho vidas que llevaba dentro de su corazón.
Les pedimos que abracen a cada uno de esos niños ahora.
Suavemente.
Con Amor.
Con Seguridad.
Que estén rodeados de paz, libres de dolor, envueltos en luz.
Que su risa exista en algún lugar más allá de este mundo, intacto por lo que sucedió aquí.
Y Dios, para los sobrevivientes—
Para la mujer que resultó herida.
Para el adolescente que saltó a vivir.
Por cada alma tocada por este momento—
Pedimos la curación.
No solo la curación física, sino la curación profunda, emocional y espiritual que requiere tiempo y paciencia.
Estén presentes en su recuperación.
Estén presentes en sus pesadillas.
Estén presentes en los momentos tranquilos en que el peso de todo regresa.
Dales fuerza que no sabían que tenían.
Dales paz que no tiene sentido, pero que de alguna manera los encuentra.
Y Dios…
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