También pedimos otra cosa.
Para todos los que lean esto.
Para todos los que sientan esta pesadez.
Ayúdanos a ser más amables.
Ayúdanos a cuidarnos unos a otros.
Ayúdanos a reconocer el dolor antes de que se convierta en algo que no podemos recuperar.
Que esta tragedia no solo rompa nuestros corazones—
Pero ábranlos.
Más amplio que antes.
Así que el amor tiene más espacio para existir.
Así que la compasión se hace más fuerte que el silencio.
Para que nadie se sienta solo en su sufrimiento.
Dios, ponemos a esta familia en tus manos.
No porque lo entendamos.
Pero porque confiamos en que Tú todavía estás allí, incluso aquí.
Incluso ahora.
Amén.
Y después de que la oración termina…
El silencio vuelve.
Pero algo es diferente.
Porque ahora, ese silencio es compartido.
Llevado no solo por una madre, o una familia, sino por todos los que elegimos parar, sentir y levantarlos.
Esta historia no tiene resolución.
Hoy no.
Tal vez nunca de la manera que deseábamos que pudiera.
Pero tiene otra cosa.
Tiene memoria.
Tiene compasión.
Tiene un momento en el que los extraños se conectan a través del dolor, a través de la empatía, a través del simple acto de cuidar.
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