Retrocedí, cerré la cortina con suavidad y tomé mi teléfono. Busqué señal. Nada. Cero barras. La casa estaba lo suficientemente retirada como para quedar aislada.
O… ¿alguien la estaba bloqueando?
Mis pensamientos se arremolinaron con fuerza hasta que escuché un ruido suave detrás de mí: el crujido del colchón.
—¿Qué haces despierta? —preguntó Daniel con voz grave, medio dormida.
Me giré rápido.
—Nada… estaba tomando aire.
Daniel se incorporó. Sus ojos tenían un brillo extraño, como si intentaran leer mi mente.
—Mi papá bajará temprano a despedirse antes de que nos vayamos mañana —dijo sin que yo hubiera mencionado nada sobre él—. No te preocupes por él. Siempre ha sido… peculiar.
Peculiar.
Esa palabra me dio más miedo que consuelo.
Daniel se acercó, me tomó la mano con suavidad.
—Confía en mí, ¿sí?
Lo miré. Y por primera vez en años… no supe qué responder.
Me desperté sobresaltada horas después, con el corazón acelerado. Hubo un sonido seco, como un portazo lejano. Miré el reloj: 4:12 a.m.
Daniel seguía dormido profundamente.
Tomé el sobre con los 5.000 dólares y me acerqué a la puerta. Dudé. La toqué con la mano… y descubrí algo que me heló la sangre:
estaba cerrada con llave por fuera.
Intenté girar la perilla varias veces, sin éxito.
—No puede ser… —susurré, sintiendo cómo el pánico me trepaba por la garganta.
Retrocedí, tropecé con la cama y Daniel abrió los ojos al instante. Demasiado rápido.
Demasiado alerta.
—¿Qué pasa? —preguntó, incorporándose.
—La puerta… —balbuceé—. Está cerrada.
Él frunció el ceño, se levantó y probó la perilla. Luego golpeó la puerta dos veces, con calma, como si aquello no fuera extraño en absoluto.
—Debe ser que mis padres la cerraron por seguridad. No les gusta dejar puertas sin seguro durante la noche.
Intenté sonreír, pero mi cuerpo temblaba.
—¿Por seguridad de quién? —pregunté casi sin aire.
Daniel se volvió hacia mí con una expresión que nunca antes le había visto.
Una mezcla entre lástima… y algo más oscuro.
—Amor… —dijo acercándose—. Hay cosas que no entiendes todavía. Cosas que debiste saber antes de casarte conmigo.
Dio un paso más.
Yo retrocedí.
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