—Mija… en los matrimonios largos no gana quien ama más. Gana quien administra mejor el desastre. – lbsuong

—Mija… en los matrimonios largos no gana quien ama más. Gana quien administra mejor el desastre. – lbsuong

—Qué bueno —respondió ella—. Ya tenemos suficiente condimento en esta familia.

Después del postre, mandó a cerrar las puertas de la terraza, pidió café para dos y nos corrió a todos con una educación impecable. Yo me quedé detrás del pasillo, porque además de nieta soy humana.

—¿Desde cuándo sabías? —preguntó el abuelo al fin.

—Desde antes de que tú supieras que yo sabía.

—¿Y por qué no dijiste nada?

—Porque quería ver hasta dónde llegaba tu ridículo.

Silencio.

—¿Me vas a dejar?

Mi abuela soltó una risita.

—No seas dramático. A tu edad ya no se deja, se administra.

—Cometí un error.

—No. Cometiste una rutina y te salió cara.

—Lo siento.

—Yo también —dijo ella—. Sobre todo por ella. Venía muy entusiasta.

No supe si reírme o santiguarme.

Al final no hubo divorcio. Tampoco perdón, al menos no de esos con música de fondo y manos entrelazadas. Hubo algo mucho más aterrador: nuevos términos y condiciones.

Mi abuelo canceló tarjetas, cerró cuentas opacas, cambió horarios, empezó terapia con un señor carísimo que parecía más confundido que él. Mi abuela rediseñó testamento, fideicomisos y funciones del personal. Él siguió viviendo en la casa. Ella siguió siendo la dueña del clima emocional, del comedor y del infierno operativo.

Meses después, mientras tomábamos té en la terraza, le pregunté si alguna vez había pensado en irse de verdad.

Mi abuela miró el mar, tranquila.

—Claro. Pero luego recordé algo importante.

—¿Qué?

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Se acomodó el collar y sonrió.

—Que hay hombres por los que una llora… y hombres a los que una pone en su lugar. Tu abuelo ya no está para lágrimas. Está para horarios, supervisión y dieta baja en sal.

Me reí tanto que casi escupo la galleta.

Ella levantó la taza, elegante, invencible.

—Además, mija… a ciertas edades una ya no busca amor eterno. Con que respeten el reglamento interno de la casa, una puede vivir bastante bien.

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