Una pareja humilde pidió dinero prestado para preparar 90 mesas de comida celebrando que su hijo entró a una de las mejores universidades. Pero cuando llegó la hora de la fiesta, el patio estaba completamente vacío… nadie del pueblo apareció.

Una pareja humilde pidió dinero prestado para preparar 90 mesas de comida celebrando que su hijo entró a una de las mejores universidades. Pero cuando llegó la hora de la fiesta, el patio estaba completamente vacío… nadie del pueblo apareció.

—Dios mío…

Don Ernesto continuó hablando.

—Cada familia del pueblo puso lo que pudo.

—Algunos cien pesos.

—Otros doscientos.

—Otros más.

Diego sintió que los ojos le ardían.

—Pero… ¿por qué?

El anciano del pueblo, Don Mateo, que hasta entonces había permanecido en silencio, se acercó apoyándose en su bastón.

Miró al muchacho fijamente.

—Porque tú no solo eres el hijo de José.

Luego levantó el dedo y señaló el pueblo a lo lejos.

Eres el orgullo de todo San Miguel Xoxtla.

El silencio volvió.

Pero esta vez era distinto.

Estaba lleno de emoción.

Don Mateo continuó:

—Aquí todos vimos cómo tu padre trabajó bajo el sol para que estudiaras.

—Vimos cómo tu madre vendía comida desde la madrugada.

—Y vimos cómo tú estudiabas cuando otros dormían.

El viejo respiró hondo.

—Así que decidimos algo.

Diego apenas podía hablar.

—¿Qué cosa?

El anciano sonrió.

—Que este sueño…

Miró a todo el pueblo reunido en el patio.

no lo iban a pagar solos.

María ya estaba llorando abiertamente.

José, el hombre que casi nunca mostraba sus emociones, se llevó la mano al rostro.

—Yo… pensé que nadie vendría.

Don Ernesto se acercó y le dio una palmada en el hombro.

—Claro que íbamos a venir.

Luego miró las noventa mesas.

—Solo queríamos llegar… con algo más que hambre.

En ese momento alguien encendió la música.

Las mujeres comenzaron a repartir comida.

Los niños corrían entre las mesas.

La carpa que antes estaba silenciosa se llenó de risas, voces y vida.

Diego miró la mesa llena de sobres.

Luego miró a sus padres.

Y finalmente al pueblo entero.

Comprendió algo que nunca olvidaría.

Que aquel día no solo había sido aceptado en la universidad más grande del país.

También había descubierto algo aún más grande.

Que detrás de su sueño…

había todo un pueblo empujándolo hacia adelante.

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