Asintió sin dudar.
“Por supuesto”.
Añadió una instrucción más:
“Y notifique a nuestro departamento bancario para que revise todos los acuerdos financieros relacionados con la empresa Halstead”.
“Entendido”.
Lydia subió al coche.
La puerta se cerró silenciosamente.
Momentos después, el convoy desapareció en la lluviosa tarde de Seattle.
El Desmoronamiento
Durante las semanas siguientes, la familia Halstead descubrió que las dificultades empresariales rara vez se presentaban con explicaciones claras.
Los proveedores retiraban contratos sin previo aviso.
Los bancos exigían reembolsos anticipados de préstamos que antes parecían seguros.
Las reuniones con inversores se redujeron.
Rowan pasó largos días en salas de conferencias escuchando a los asesores explicar que el entorno financiero había cambiado de maneras que no podían controlar fácilmente.
Margaret se paseaba por la oficina con creciente frustración.
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