La noche en que él la echó, el jet de un multimillonario aterrizó con su nombre en él

La noche en que él la echó, el jet de un multimillonario aterrizó con su nombre en él

—Pareces estar cazando.

—Necesito cinco minutos con Thorne.

—Dijiste que era imposible contactarlo.

—Imposible es para personas sin talento.

Jessica puso los ojos en blanco.

Matthew la ignoró y se ajustó los puños.

Entonces la sala cambió.

Ocurrió antes de que él los viera.

Una ondulación recorrió la multitud. Las conversaciones se adelgazaron. Las cabezas giraron hacia la entrada. La orquesta pareció crecer, aunque quizá eso era solo la sangre de Matthew golpeándole en los oídos.

Sebastian Thorne entró primero.

Incluso entre los ricos, se veía diferente. No más ruidoso. No más llamativo. Simplemente más pesado, como si la gravedad lo respetara más que a otros hombres.

Pero la mujer de su brazo le robó la sala.

Vestía la medianoche como si hubiera sido hecha para ella. Su rostro estaba sereno, sus hombros desnudos, la cabeza alta. La piedra azul en su mano atrapaba la luz mientras aceptaba saludos de personas a las que Matthew había pasado años intentando impresionar.

El editor de Architectural Forum le besó la mejilla.

Un exgobernador le estrechó la mano.

Un miembro del patronato del museo se rio como si fueran viejos amigos.

Matthew frunció el ceño.

Había algo familiar en su boca.

En su postura.

En la forma en que escuchaba sin inclinarse hacia adelante.

Jessica susurró:

—¿Quién es esa?

La mujer giró ligeramente.

El mundo de Matthew se heló.

—No —dijo.

Jessica lo miró.

—¿Qué?

—No.

Pero sus pies ya se movían.

back to top