—Nunca más.
El viento movía suavemente los árboles mientras Mateo reía y saltaba alrededor de ellos.
Laura comprendió algo profundo en ese instante.
No fue el abandono lo que definió su historia.
Fue su decisión de seguir adelante.
Fue su elección de salvar.
Fue su fuerza.
Siete años atrás creyó que su vida había terminado.
Pero en realidad, apenas comenzaba.
Y ahora, mientras caminaban juntos bajo la luz del atardecer, Laura supo que no había salvado solo un corazón en aquella mesa de operaciones.
Había salvado una familia.
Y esta vez, el silencio no era ausencia.
Era paz.
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