Y por primera vez desde que se casaron, Vanesa sintió verdadero miedo.
Porque Alejandro no parecía escucharla.
La observaba como un juez observa a alguien ya condenado.
—¿Accidente? —preguntó él.
Su tono era suave.
Educado incluso.
Eso la aterró más.
—Sí… yo intenté agarrarla, pero…
Alejandro caminó lentamente hacia el centro de la sala.
Se quitó el reloj.
Lo dejó sobre la mesa.
Luego acomodó los gemelos de su camisa como si estuviera preparándose para una reunión importante.
Vanesa empezó a temblar.
—Alejandro… por favor…
Él finalmente levantó la vista.
—¿Sabes cuál fue el peor día de mi vida?
La pregunta la confundió.
—¿Qué?
—No fue cuando Victoria murió.
El aire cambió de inmediato.
Nadie mencionaba nunca a Victoria dentro de aquella casa.
Nunca.
—El peor día de mi vida fue cuando mi hija me preguntó por qué no salvé a su madre… y entendí que tenía razón.
Leave a Comment