— ¡Luciana!
Salió del coche antes de que se detuviera por completo.
Y corrió hacia ellos.
Los cuatro se abrazaron con fuerza.
Matheus, ahora con once años, miró con curiosidad al elegante hombre que había salido del coche.
“¿Quién es?”
Luciana se secó las lágrimas y sonrió.
“Este es Augusto.
Diego preguntó:
“¿Es tu jefe?”
Augusto se acercó.
Se agachó a su altura.
Y él respondió con una cálida sonrisa:
“No.
Puso la mano en el hombro de Matheus.
“Ahora formo parte de tu familia.
Rosinha, la más joven, preguntó inocentemente:
“¿Familia?”
Augusto asintió.
“Sí.
Señaló el coche.
“Y he venido a buscarte.”
Los tres niños abrieron mucho los ojos.
— Buscar…?
Luciana sonrió.
“Vivir con nosotros.”
Rosinha abrazó de nuevo a Luciana.
“¿Ya no vamos a estar solos?”
Luciana negó con la cabeza.
“Nunca más.”
Augusto abrió la puerta del coche.
“Vamos a casa.”
Aquel día…
Por primera vez en muchos años…
Luciana sintió que el peso del mundo había abandonado sus hombros.
Y cuando el coche desaparecía por el camino de tierra…
Las risas de cuatro niños resonaban dentro de él.
Y por primera vez…
La enorme granja de Augusto Carvalho finalmente se convertiría en un verdadero hogar.
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