Rosa dudó unos segundos.
Luego confesó:
—Amenazó contigo.
El silencio se volvió pesado.
Camila guardó lentamente el contrato dentro de la carpeta.
Y entonces preguntó algo que hizo estremecer incluso a los escoltas.
—¿Usó mi nombre exactamente?
—No… pero dijo que te iba a quitar.
Camila cerró los ojos apenas un instante.
Respiró profundo.
Cuando volvió a abrirlos, parecía otra persona.
No hija.
No mujer.
Autoridad.
—Llama al equipo completo —ordenó al hombre de la carpeta—. Y quiero todo sobre Mauricio Cienfuegos en mi escritorio antes de una hora.
—Sí, licenciada.
Uno de los vendedores reunió valor para hablar.
—Señorita Camila… ese hombre controla media alcaldía.
Ella giró lentamente hacia él.
Y respondió con una calma aterradora.
—Entonces hoy va a perder media alcaldía.
Mientras tanto, al otro lado de la ciudad, Mauricio Cienfuegos servía whisky en su oficina privada dentro de la alcaldía.
Estaba de excelente humor.
—La vieja ya está quebrada —dijo riéndose frente a dos empresarios—. Mañana firma o la saco cargando.
Uno de los hombres dudó.
—¿Y la hija?
Mauricio soltó una carcajada.
—La fiscalita esa no puede hacer nada. Nadie toca a un delegado sin ensuciarse también.
Error.
Un error gigantesco.
Porque justo en ese instante, un asistente entró apresuradamente a la oficina.
Pálido.
—Licenciado…
Mauricio ni levantó la vista.
—¿Qué quieres?
—Tiene que ver esto.
Le entregó una tablet temblando.
Mauricio frunció el ceño.
En la pantalla aparecía una fotografía tomada hacía apenas minutos.
Camila Ortega parada frente al puesto destruido de tamales.
Junto a Doña Rosa.
El vaso de whisky se quedó suspendido en el aire.
—No…
El asistente tragó saliva.
—La señora Rosa es su madre.
El color abandonó lentamente el rostro de Mauricio.
Porque entendió algo terrible.
No había amenazado a una vendedora cualquiera.
Había humillado públicamente a la madre de la mujer más temida por la clase política mexicana.
Uno de los empresarios empezó a alejarse discretamente.
—Creo que yo mejor…
—¡Siéntate! —gritó Mauricio.
Pero ya no sonaba poderoso.
Sonaba asustado.
Muy asustado.
Tomó el teléfono inmediatamente.
Marcó.
Nada.
Volvió a marcar.
Nada.
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