“¡Córtame el brazo!”: El niño suplicaba entre lágrimas y su padre lo creyó loco, hasta que la… – lbsuong

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PARTE 2

A la mañana siguiente, Mateo ya no tenía fuerzas para gritar. Eso fue lo que más asustó a Rosa.

Lo encontró mirando al techo, con los labios resecos y la frente ardiendo. Su brazo enyesado descansaba sobre la sábana, pero los dedos estaban hinchados y temblaban. El niño parecía más pequeño que nunca.

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