“La pequeña estaba de rodillas, con sus manitas rojas y adoloridas. Su madrastra le gritó: ‘¡Límpialo bien! ¡Si no puedes, no comerás!’. Finalmente, la niña se derrumbó por el agotamiento, luchando por respirar. De repente, la puerta se abrió de golpe. Su padre —un soldado— había regresado a casa antes de lo previsto. Se quedó paralizado ante la escena y luego bramó: ‘Mi hija… ¡¿quién le hizo esto?!’. El rostro de la madrastra palideció, mientras la niña susurraba: ‘Papi… me duele…’. Y la ira del padre estalló.”
“La pequeña estaba de rodillas, con sus manitas rojas y adoloridas. Su madrastra le gritó: ‘¡Límpialo bien! ¡Si no puedes, no comerás!’. Finalmente, la niña se derrumbó por el agotamiento,…









