Pero a pesar de todo eso, Melissa nunca se queja.
Sabe alegrarse con las cosas más simples.
Una tarde entró corriendo a casa después del preescolar tan rápido que su mochila saltaba en su espalda.
—¡Papá! ¡Adivina qué!
Sonreí.
—¿Qué pasó?
Brillaba de alegría.
—¡Habrá una ceremonia de graduación en el preescolar! ¡El próximo viernes!
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