Porque el amor no se reclama.
Se repara.
Día por día.
Con paciencia.
Con verdad.
Y con el valor de aceptar que hay heridas que no se curan con arrepentimiento, sino con presencia.
ver continúa en la página siguiente
Porque el amor no se reclama.
Se repara.
Día por día.
Con paciencia.
Con verdad.
Y con el valor de aceptar que hay heridas que no se curan con arrepentimiento, sino con presencia.
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