La curva de los labios.
Y justo debajo de la oreja izquierda…
Una pequeña marca de nacimiento en forma de media luna.
Lucía luchó por sentarse, el pánico se levantó.
“¿Qué pasa? ¡¿Qué le pasó a mi hijo?!”
El doctor tragó duro.
Cuando finalmente habló, su voz apenas salió.
“¿Dónde está el padre del bebé?”
La expresión de Lucía se endureció instantáneamente.
“Él no está aquí”.
– Necesito su nombre.
“¿Por qué importa eso?” Se rompió, el miedo se convirtió en ira. “¡Dime qué le pasa a mi bebé!”
El doctor la miró, con los ojos llenos de algo pesado… algo viejo.
“Por favor,” dijo suavemente. “Dime su nombre”.
Lucía dudó.
Entonces respondió:
“Adrián Vega”.
La habitación quedó completamente en silencio.
El doctor cerró los ojos.
Una lágrima se le deslizó por la mejilla.
“…Adrián Vega,” susurró. – Es mi hijo.
Nadie se movió.
Los suaves gritos del bebé resonaron en la habitación cuando dos vidas completamente separadas chocaron en un solo momento.
Lucía sintió que el aire había sido arrancado de sus pulmones.
—Eso no es posible… —susurró ella.
Pero la mirada en la cara del médico decía lo contrario.
Se sentó lentamente, como si su cuerpo ya no pudiera sostener el peso de lo que acababa de darse cuenta.
Y luego…
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