Porque en esa cocina, en esa casa llena de niños por los que había decidido quedarse, todos los que vivían allí ya conocían la respuesta a la pregunta más antigua del mundo.
Dar a luz convierte a una persona en padre o madre biológico/a.
Estar presente, cada mañana, durante siete años de tostadas quemadas, zapatos perdidos, pesadillas, permisos, trenzas y sándwiches de queso a la plancha cortados en forma de estrella, eso es lo que convierte a alguien en padre o madre.
Hank había sido padre desde la noche en que decidió no marcharse.
Y cada uno de esos diez niños lo sabía.
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