Horas después, cuando el sol ya caía y

Horas después, cuando el sol ya caía y

En la cama.

En el mismo lugar.

Sin moverse.

—Vamos, pequeño… —dijo suavemente—. Tenemos que bajar…

Se acercó.

Tocó su lomo.

Frío.

Demasiado quieto.

El corazón de Elena se detuvo un segundo.

Revisó.

No había respiración.

No había pulso.

El perro… había muerto.

Allí mismo.

Junto a él.

Sin ruido.

Sin lucha.

Como si hubiera decidido… irse también.

Post navigation

Leave a Comment

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

back to top