Esas palabras me parecieron irreales: *mi abogado*.
Una agente tomó nuestra declaración. Al principio, su voz era neutral, burocrática. Luego, los detalles se acumularon y su pluma se ralentizó.
—¿Firmó un poder notarial?
—No.
—¿Autorizó estos retiros?
—No.
Richard añadió, simplemente:
“Constituí un fideicomiso de 150.000 dólares a nombre de mi nieta”.
La agente se quedó paralizada.
“¿Recibió los documentos?”, preguntó.
Se me heló la sangre.
“No”.
En ese momento, todo cambió.
Leave a Comment