Paga la renta… o lárgate

Paga la renta… o lárgate

No sabíamos cuánto hacíamos por nosotros —me dijo mi hijo, con la voz rota.

Lo miré con amor… pero también con límites.

—Eso no es lo más triste —respondí—.

Lo más triste es que tuviste que perderlo todo para aprender a respetarme.

Hoy sigo siendo madre.
Pero ya no soy cajera.
Ni respaldo.
Ni alfombra.

Aprendí algo tarde… pero a tiempo:

 Quien te humilla no merece tus sacrificios.
Y el respeto no se compra… se exige.

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