Lo que Pasó Cuando Contesté un Número Desconocido a Medianoche

Lo que Pasó Cuando Contesté un Número Desconocido a Medianoche

Silencio.

No era el silencio vacío de una llamada cortada. Era un silencio vivo. Podía escuchar respiración al otro lado. Lenta. Pausada. Como si alguien estuviera conteniendo el aliento, esperando que yo dijera algo más.

— ¿Quién es? — susurré, sin saber por qué bajé la voz.

Nada. Solo esa respiración extraña. Y luego… un clic. La llamada terminó.

Me quedé paralizada mirando la pantalla. Bloqueé el número con dedos temblorosos y apagué todas las luces del apartamento, no sé por qué, como si la oscuridad me fuera a proteger. Tardé horas en dormirme, escuchando cada pequeño ruido del edificio.

A la mañana siguiente, con la luz del sol entrando por la ventana, todo parecía exagerado. “Fue alguien equivocado”, me dije. “Una broma de mal gusto”. Me preparé un café, intenté olvidarlo.

Entonces vi la nota.

Estaba doblada, metida por debajo de mi puerta. Una hoja de papel arrancada de un cuaderno, con letra temblorosa y apresurada:

 

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