Solo como socios… y quizás amigos.
Cuando terminaron los seis meses, se sentaron en el mismo patio polvoriento donde Daniel había llegado por primera vez con unas flores sin gracia.
—Si dices que no —dijo Daniel en voz baja—, lo entenderé.
Emily lo estudió durante un buen rato.
Luego él asintió.
—Sí —dijo ella en voz baja—.
—Sí a intentarlo de nuevo.
—Pero como iguales.
Años después, cuando se volvieron a casar en el centro comunitario que habían construido juntos, no había lujos.
Solo risas.
Familias.
Niños corriendo por los pasillos.
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