—Yo… yo cometí un delito —balbuceó.
—Cuéntame —respondió el policía con calma—. Soy policía, puedes contarme lo que sea.
—¿Y luego me va a meter en la cárcel? —preguntó con voz temblorosa.
—Depende de lo que hayas hecho —respondió en voz baja.
La niña no pudo más; rompió a llorar y casi de inmediato soltó algo que dejó a todos atónitos:
—Le pegué a mi hermano en la pierna… muy fuerte. Ahora tiene un moretón. Y se va a morir… No fue mi intención. Por favor, no me meta en la cárcel…
El agente se sintió avergonzado al principio, pero luego no pudo evitar sonreír. Abrazó con ternura a la niña que lloraba y le susurró:
—No, cariño. Tu hermano estará bien. Nadie se muere por un moretón.
La niña lo miró con los ojos llenos de lágrimas.
—¿De verdad?
—De verdad. Pero no puedes volver a hacerlo, ¿de acuerdo?
—Sí…
—¿Lo prometes?
—Lo prometo…
La niña se secó las lágrimas, se acurrucó junto a su madre y, por primera vez en días, la calma regresó a la comisaría.
Leave a Comment