Tarta de Galletas, Flan y Chocolate

Tarta de Galletas, Flan y Chocolate

👩‍🍳 Preparación paso a paso

1️⃣ Preparar el flan

  • Disuelve el preparado para flan en un poco de leche.

  • Calienta el resto de la leche con el azúcar hasta hervir.

  • Añade la mezcla y cocina hasta que espese.

2️⃣ Mojar las galletas

  • Humedece las galletas en leche (rápidamente, para que no se rompan).

3️⃣ Montar la tarta

  • En un molde rectangular, coloca una capa de galletas.

  • Cubre con una capa de flan.

  • Repite alternando capas hasta terminar con flan.

4️⃣ Preparar la cobertura de chocolate

  • Calienta la nata y retírala antes de hervir.

  • Añade el chocolate troceado y la mantequilla, mezclando hasta que se derrita.

5️⃣ Cubrir y enfriar

  • Vierte la cobertura sobre la tarta.

  • Refrigera al menos 4 horas (mejor de un día para otro).

📊 Información nutricional (por porción aprox.)

Nutriente Cantidad
Calorías 340 kcal
Proteínas 6 g
Grasas 15 g
Carbohidratos 45 g
Azúcares 28 g
Fibra 2 g

 

 

 

 

 

 

 

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Un año después de mi divorcio, me llamaron para la lectura del testamento de mis exsuegros.Intercambiaron miradas de suficiencia cuando entré, seguros de que yo no era más que un capítulo cerrado…hasta que comenzó la lectura del testamento, y su confianza se desvaneció.Entré en la notaría sabiendo ya quién estaría allí.Mi exmarido.Su amante.Y su madre.El mismo trío que una vez destrozó mi vida.Pero en el momento en que se abrió el documento, el abogado me miró fijamente y dijo algo que pareció apagar la calidez de la sala.“Señora Álvarez… me alegra que esté aquí”.No había venido porque los echara de menos.Y desde luego no era por sentimentalismo.La única razón por la que me presenté fue por un mensaje que recibí la noche anterior, uno que me dejó inquieta y con una sensación de inquietud.Su presencia es obligatoria.No fue una invitación.No fue una petición.Fue una orden.Cuando llegué, ni siquiera me molesté en sentarme.Permanecí junto a la puerta, con los brazos cruzados, como si quedarme quieta pudiera calmar la tormenta que llevaba dentro.Al otro lado de la sala, el abogado se ajustó las gafas y asintió cortésmente.«Señorita Álvarez, me alegra que haya venido».«En realidad no tenía otra opción», respondí, evitando su mirada.Ordenó cuidadosamente los papeles frente a él.«Es cierto», dijo con voz firme.Luego añadió algo que me heló la sangre.«Pero pronto la tendrás».El silencio llenó el lugar.Y entonces lo sentí…Su presencia detrás de mí. Pesada. Familiar. Inoportuna.Diego.Camila.Doña Teresa.Diego… mi exmarido.Camila, su antigua asistente… ahora su socia.Doña Teresa, su madre, una mujer capaz de convertir la bondad en crueldad.Diego fue el primero en hablar.—Lucía —dijo con impaciencia—, siéntate para que podamos terminar esto.—Estoy bien de pie —respondí con frialdad.Doña Teresa chasqueó la lengua.—Sigues siendo tan dramática.Me giré lentamente para mirarlos.Diego lucía exactamente igual: traje impecable, postura perfecta, esa sonrisa refinada en la que una vez creí.Camila estaba a su lado, tan impecable como siempre, con la mano apoyada suavemente en su brazo como si siempre hubiera pertenecido a él, con la discreta arrogancia de quien confunde tomar a un hombre con ganarlo.Doña Teresa se sentó erguida, observándome fijamente, como si hubiera estado esperando este momento.El abogado carraspeó.—Empecemos.Una semana antes, estaba sola en mi pequeño estudio de arquitectura en Guadalajara, revisando planos hasta altas horas de la noche, cuando sonó mi teléfono cerca de la medianoche.Casi lo ignoré.—¿Señora Álvarez? —preguntó una voz masculina.—Sí.—Soy Carlos Herrera, notario. Le pido disculpas por llamar tan tarde, pero es urgente.Algo en su tono me hizo enderezar la silla.—¿De qué se trata?—Se trata de la herencia del señor Ricardo Mendoza.Contuve la respiración.Ricardo Mendoza.El padre de Diego.Y la única persona de esa familia que me había mostrado verdadera amabilidad.—Falleció ayer —dijo el notario con suavidad—. Antes de morir, solicitó expresamente su presencia en la lectura de su testamento.Miré al frente, atónita.—Debe haber algún error —dije en voz baja—. Diego y yo llevamos más de un año divorciados.—No hay duda —respondió—. La lectura será el martes a las diez de la mañana.Luego añadió lo que lo hizo todo aún más inquietante.—Tu presencia es obligatoria.Después de la llamada, me quedé junto a la ventana de mi apartamento, observando las tenues luces de Monterrey.Hubo un tiempo en que creí que mi vida allí duraría para siempre.Siete años de matrimonio.Siete años construyendo algo que creía indestructible.Hasta el día en que todo se derrumbó.El día en que entré en mi propia casa y encontré a Diego y Camila juntos…como si fuera una extraña.Como si hubiera entrado en la vida de otra persona.A la mañana siguiente, me reuní con mi mejor amiga, Sofía Ramírez, en un pequeño café.Sofía era abogada, y una de las pocas personas que nunca endulzaba la verdad.Cuando le conté sobre la llamada, se echó hacia atrás lentamente.—Esto… no es normal —dijo.—¿Qué quieres decir? —pregunté.Me miró fijamente, con expresión severa.—Según la ley de herencia mexicana, si una persona divorciada debe asistir a la lectura de un testamento…Hizo una pausa.—…normalmente significa que no estás allí solo como testigo.Tragué saliva.—¿Entonces qué soy?Sofía dejó su café.—Lucía… puede que seas tú la que gire en torno a ti.…Continúa en los comentarios. 👇

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