Pagos a empresas fantasma.
Y lo peor de todo…
Firmas.
No la mía.
Pero con mi nombre.
—Usó tu identidad —dijo Megan.
Asentí.
—Durante meses.
De vuelta en su lujoso apartamento, Daniel ya estaba perdiendo la paciencia.
—¿Cómo que no la encuentras? —espetó.
—Señor, su teléfono está apagado…
—¡Pues inténtalo con más ahínco!
Colgó.
Se giró.
Y la vio.
Ashley.
Allí estaba, ya no tan segura como antes.
—Todo está bajo control —dijo rápidamente.
Daniel la miró fijamente.
—Más le vale.
Pero por primera vez…
no parecía seguro.
Tres días después, llegó la primera notificación.
Del banco.
—Se ha abierto una investigación interna por actividad sospechosa…
Daniel frunció el ceño.
—¿Qué?
Llamó a su contable.
No contestó.
Ni ese día.
Ni al día siguiente.
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