Carlos abrió la boca varias veces, pero ninguna palabra le salió completa.

Carlos abrió la boca varias veces, pero ninguna palabra le salió completa.

Porque Carlos se veía exactamente como era por dentro cuando se acababan las mujeres que lo sostenían: un hombre vacío, sin plan, sin carácter, sin más talento que hacerse el confundido.

—Mamá… —dijo, como buscando salvación en el último sitio que le quedaba.

Doña Carmen lo miró largo.

Y luego dijo algo que yo jamás pensé escucharle:

—Yo me equivoqué contigo.

Carlos se puso blanco.

Ella siguió, con la voz quebrada pero firme:

 

 

 

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