Pesadas.
Irreparables.
Conclusión
Nos sentamos en silencio durante un largo rato.
A veces las palabras no son necesarias.
A veces basta con estar presente.
Marina había pasado por algo que no siempre es visible desde fuera. No era violencia en el sentido habitual. No hubo gritos, golpes ni crueldad manifiesta.
Pero había algo más.
Silencioso.
Gradual.
Destructivo.
A veces una persona no te destruye de inmediato.
Lo hace lentamente.
De modo que ni siquiera te das cuenta de cómo desapareces.
Marina pudo detenerse.
Pudo ver el momento en que su “yo” comenzó a disolverse.
Y se fue.
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