No le creí del todo.
—Escucha —continuó—. El banco podría contactar a tus familiares. Si te llaman…
Les diré la verdad.
Se quedó callado.
No le harías eso a tu propia familia.
Sí, lo haría si usaran mi identidad sin mi permiso.
Por un momento, ninguno de los dos habló.
Entonces dije algo que nunca antes había dicho.
Ya no quiero ser responsable de tus decisiones.
¿De verdad vas a quedarte de brazos cruzados mientras lo perdemos todo?
Me viste sufrir durante años sin ayudarme ni una sola vez.
Ahí terminó todo.
Antes de colgar, añadí una última cosa.
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