A la mañana siguiente, seguí con mi papel.
Desperté a Lily como siempre. Le preparé el almuerzo. Sonreí. Le pregunté por su horario. Respondió con facilidad. Demasiado facilidad.
Al salir de casa, me saludó con la mano y se dirigió a la esquina donde estaba la parada del autobús.
Conduje como si fuera al trabajo.
Doblé dos calles más adelante y me orillé, con las manos temblando ligeramente sobre el volante.
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