Nadie soportaba al millonario paralizado… hasta que el simple proveedor…

Nadie soportaba al millonario paralizado… hasta que el simple proveedor…

Incluso inmóvil del cuello para abajo, su presencia era imponente. Su rostro era delgado y elegante, y su cabello gris, perfectamente peinado. Pero sus ojos… sus ojos reflejaban dolor y rabia, como si cortaran el aire.

—¿Así que eres otra persona que cree que puede soportarme? —preguntó con voz firme y fría.

Lucas tragó saliva con dificultad, pero se acercó.

—No, señora. No vine aquí para tratar con nadie. Vine a trabajar.

Una leve expresión de sorpresa cruzó el rostro de Helena. No por lo que dijo, sino por cómo lo dijo. Sin piedad. Sin arrogancia. Simplemente.

—¿Es usted enfermero? —preguntó de repente.

No, señora.

—¿Fisioterapeuta?

—Ninguno.

¿Entonces quién es él? ¿Un héroe desempleado?

Respiró hondo.

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