Cerré los ojos.
No pedí que el dolor desapareciera.
Solo pedí fuerzas para seguir con mi hijo.
Esa noche, mientras lo veía dormir plácidamente, comprendí algo esencial:
La familia no se trata solo de quienes comparten la misma sangre.
La familia se trata de quienes permanecen a tu lado cuando todo se derrumba.
Y mi pequeño hijo, a quien intentaron silenciar, se convirtió en la razón por la que construí una nueva vida.
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