Pensamos que el dinero que enviamos por años le daba una vida tranquila. Pero al regresar, vimos miseria, hambre y una casa cayéndose. Todo fue un engaño de alguien en quien confiábamos de corazón.

Pensamos que el dinero que enviamos por años le daba una vida tranquila. Pero al regresar, vimos miseria, hambre y una casa cayéndose. Todo fue un engaño de alguien en quien confiábamos de corazón.

Durante años creímos que el dinero que enviábamos la protegía.
Que cada transferencia era una capa más contra el frío, el hambre y la soledad.
Que los billetes podían convertirse en techo, comida, medicina… y tranquilidad.

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:Creímos que el dinero le daba paz.
Que le quitaba las preocupaciones.
Que compensaba nuestra ausencia.

Pensamos que con eso bastaba.
Que ser buenos hijos era enviar dinero puntual cada mes.

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