Una distancia que se desarrolla silenciosamente
El dolor, cuando no se comparte, crea abismos. Sentía que cargaba sola con mi pena, mientras Julien parecía seguir adelante. Poco a poco, la ira sustituyó a la tristeza. Hablábamos cada vez menos. Los silencios se volvieron densos, casi sofocantes.
Finalmente, nuestros caminos se separaron. Sin gritos ni enfrentamientos. Simplemente un agotamiento emocional acumulado a lo largo de los años. Dejé la ciudad para intentar rehacer mi vida. Julien, por su parte, comenzó una nueva etapa. Nunca volvimos a hablar.
Una revelación inesperada, años después
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