No es debilidad.
No es dramatismo.
No es dependencia mal aprendida.
Es una forma temprana de autorregulación.
La idea incómoda es esta:
La independencia no nace de la ausencia.
Nace de haber tenido suficiente sostén emocional.
Cuando ese sostén falta,
el cuerpo busca cómo fabricarlo.
Y a veces lo hace
abrazando algo que represente presencia.
Porque nadie aprende a estar solo
si primero no se sintió acompañado.
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