“CUANDO YO CREZCA, VOY A SER TU ESPOSA” Y ÉL SE RIÓ DE MI PROMESA. PERO A LOS 21, VOLVÍ POR ÉL.

“CUANDO YO CREZCA, VOY A SER TU ESPOSA” Y ÉL SE RIÓ DE MI PROMESA. PERO A LOS 21, VOLVÍ POR ÉL.

Tenía solo 9 años cuando prometí que sería su esposa y nadie me creyó. 12 años después volví decidida a cumplir lo que dije, aunque él ya no fuera el mismo hombre y yo ya no fuera una niña. Pero, ¿cómo convencer a un hombre marcado por la soledad de que aún merece ser amado? Era primavera de 1855, cuando los álamos empezaron a vestirse de verde a lo largo del arroyo y el suelo de San Jacinto del Río se entellaba con el calor que se alzaba del polvo. Yo tenía 9 años, el cabello recogido con un lazo flojo, las suelas

gastadas de los zapatos y una valentía mayor de la que debería cargar. Fue ese día que vi a Joaquín Mendoza salir de la tienda de don Ramiro Vázquez. El saco de harina descansaba sobre su hombro como si no pesara nada, y en la otra mano enroscaba una cuerda. Era solo un hombre cruzando la calle, pero para mí parecía llevar encima el peso de todo el pueblo.

Decían que era capaz de detener un potro desbocado y nadie en su sano juicio se ofrecía para probar lo contrario. Había algo en su presencia que imponía silencio, no por el tamaño, aunque era alto como un poste de cerca, sino por la forma de caminar, siempre firme, como si ya hubiera enfrentado cosas peores que miradas curiosas.

Las botas golpeaban con fuerza el piso de madera, cada paso recordando que no pasaba desapercibido, incluso cuando quería. Yo estaba parada al otro lado de la calle. Mi madre me tenía de la mano. El polvo se levantaba alrededor de mis pies y dentro de mí crecía una llama que ni yo sabía explicar.

Me solté de mi madre y crucé la calle. El corazón me latía con fuerza, las piernas me temblaban. Me planté frente a Joaquín, el cuello estirado hasta doler y solté sin titubear. Cuando sea grande, voy a ser tu esposa. Un murmullo estalló detrás de mí. El herrero se atragantó de la risa.

Dos vecinas sacudieron las canastas tratando de contenerla y hasta don Ramiro, desde el mostrador no pudo aguantarse. Pero Joaquín no se rió. Apoyó el saco de harina en la carreta, se enderezó del todo y me miró. Su rostro, quemado por el sol parecía duro, pero los ojos, ah, los ojos se suavizaron al posarse en mí. Tan pequeña y decidida. Lo que dijiste pesa más de lo que parece”, murmuró con voz serena. Ese tipo de tono que un hombre usa para no espantar a un caballo asustado.

Guárdalo bien. Una promesa así puede marcar toda una vida. Tragué en seco, pero levanté la barbilla. Lo voy a guardar. La risa del pueblo se desvaneció en el aire. Por un momento, fue como si nadie se atreviera a romper lo que acababa de pasar. En los ojos de Joaquín vi algo que no entendí en ese momento, como una piedra lanzada al fondo de un río, desapareciendo, pero dejando ondas.

Entonces me di vuelta y corrí de regreso con mi madre. El lazo en mi cabello volaba como bandera de victoria. Esa misma tarde la carreta estaba lista frente a nuestra casa, sillas atadas con soga, mantas enrolladas a las apuradas, la cuna encajada entre baúles. Nos íbamos. Yo ayudaba como podía, arrastrando bultos que casi no pesaban. Mi madre agotada me regañó. Lola, deja de perder el tiempo.

Aún nos quedan millas antes de que anochezca. Apreté el lazo contra mi pecho y respondí firme. Le dije a Joaquín Mendoza que voy a ser su esposa cuando crezca. Mi padre, ajustando las riendas del caballo guía, soltó una carcajada. Ese hombre podría ser tu padre. Lo vas a olvidar apenas crucemos el próximo condado.

Pero yo no sedí, no lo voy a olvidar. Él es fuerte, es justo. Lo prometí. Mi madre suspiró acomodando la manta sobre la cuna. Palabras de niña, hija. La vida aún te va a traer otras opciones. Pero yo apreté la mandíbula. Fui la última en subir a la carreta, los ojos repasando cada rincón de San Jacinto como si quisiera grabarlo todo para no perderlo jamás. Joaquín pasó con otra carreta cargada de estacas de cerca.

Post navigation

Leave a Comment

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

back to top